Formación de educadores, un imperativo ético.

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Olivia González Lara

Editado por Ayúdate a Dar, A. C. 2010

Es una propuesta de formación para educadores que atienden a niños y niñas con antecedentes de vida en la calle en una institución. Cuya intención es generar procesos de desarrollo integral en este sector de la infancia mexicana.Es un texto que surge de la experiencia de trabajo directo de la autora con la población en situación de calle, con el abrigo y soporte metodológico de tres instituciones de amplia experiencia y trabajo profesional en el tema: Fundación Casa Alianza México, I.A.P., Ayuda y Solidaridad con las Niñas de la Calle, I.A.P. y Hogares Providencia, I.A.P.; y de fuentes bibliográficas directas.El contenido está conformado por cuatro capítulos, incorporando el concepto de figura vincular, como elemento que permite mejorar la calidad de la atención, favoreciendo la generación de procesos de desarrollo integral. Su propuesta insiste en la importancia central de realizar un acercamiento histórico a la problemática en aspectos tales como la pobreza, el hambre y los niños callejeros, así como a los modelos de atención, legislación y normatividad utilizadas por las instituciones abocadas a la atención de los niños y niñas que han vivido en la calle. Describe el paso de trabajador a figura vincular, presentando su caracterización, delimitación de funciones y descripción de puesto, así como las responsabilidades y compromisos del quehacer cotidiano y sus derechos. Plantea la necesidad de pasar de la técnica al vínculo, y para ello propone la incorporación de un modelo crítico que permita mayor espacio para que los educadores y niños participen de forma dinámica, dejando atrás la educación bancaria, sugiere que la didáctica se base en el niño como guía de la acción colectiva, haciendo la propuesta de especificar el trabajo directo con los niños y el establecimiento de relaciones vinculares, ya que es en los contactos emocionales, como se va formando la sensación de la propia dignidad, la autoconciencia y el autocontrol. Propone que los educadores tengan disposición y realicen un trabajo ético para resignificar no sólo la atención, sino la propia vida, y poder consolidar la generación de procesos de desarrollo.La autora sugiere que quienes decidan elegirse para realizar esta labor educativa, estén dispuestos a trabajar en tres dimensiones: teórica, experiencial y personal, las cuales incluyen el trabajo con el cuerpo, las emociones y la espiritualidad.